lunes, 22 de enero de 2018

HELIOTROPOS

LA PENSADORA: UNA LUCHA DESGARRADA

Antonio Campillo Ruiz

James R. Eads

   Estaba convencida de su propia culpabilidad al no realizar aquello que había sido su frenesí durante mucho tiempo. Sin embargo, durante ese período, su dependencia de opiniones ajenas y la imposición por su naturaleza y desarrollo social, habían minado hasta la anulación total su capacidad de expresar aquella catarata de sentimientos y pasiones que la embargaban, deseando traspasar el portal, complejo y anhelante, de sus pensamientos. Cada mañana, al despertar, fluían de su fantasía miles de palabras veloces, frases e incluso historias que eran fruto de sueños recién nacidos al volver a ver la luz clara, destellante, de un sol que la alcanzaba en el lecho donde, en muchas ocasiones, había tenido que cerrar el paso a su imaginación y acatar, pudorosamente, su papel establecido, no siendo consciente del momento en el que se avino a su aceptada pasividad.

James R. Eads

   Dudaba de quien provocaba esta situación. No creía que fuese odio o maldad contra ella. ¿Por qué iba a ser una de ellas o ambas, la causa? Admitía que la situación de minusvaloración, unida a una incapacidad para superarla, podían ser motivos más probables de miradas y situaciones despectivas que la irritaban tanto como la entristecían. Nunca realizaba ni una sola de sus acciones sin tener en cuenta las posibles consecuencias para quien era su constante preocupación. Percibía la pertinaz vigilancia a la que era sometida disimuladamente sin dar importancia al hecho de ser punto de atención e incluso, sintiéndose altiva y satisfecha de ser foco de preocupación a la vez que humillada. Nunca analizaba este contrasentido que transformaba su tenue sonrisa en mueca, al percibir las fijas miradas sobre su cuerpo, tan frágil como potente ante su descarada lucha soterrada.

James R. Eads

   Sabía que perdería una batalla tras otra pero estaba convencida de poder ganar la guerra. Con pérdidas, con tantas pérdidas como Pirro y desafortunadas heridas que jamás curarían. No, no se podía dejar vencer ahora que, tras tantos años de paciencia y segura de un cambio drástico en el comportamiento de quienes se encontraban en su entorno, estaba empezando a encontrarse ajada, triste en exceso y, posiblemente, debilitada por el tiempo al que, de forma constante solicitaba una pequeña ayuda para poder llegar, sólo alcanzar alguno de sus objetivos en su corta y desgraciada vida.

James R. Eads

   A veces, cuando explicaba una mínima parte de lo que pensaba o sentía, se arrepentía al apreciar desde una mirada burlona hasta alguna de piedad. No soportaba la piedad. Podían no creerla pero burlarse de su capacidad para establecer diferencias importantes desde sus apreciaciones personales era motivo de su desprecio. Así, la frecuencia con la que sus relaciones disminuían y su encapsulamiento en sí misma le proporcionaba intranquilidad y un contrasentido que le infundía placer: satisfacción. La primera porque la entristecía y la segunda porque encontrarse sola con sus pensamientos e ilusiones era siempre provechoso para su paz interior a pesar de ser consciente de su posible componente autodestructivo. Este fue el inicio de una larga etapa en la que su ensimismamiento, su facilidad para pensar con la mirada dirigida hacia un inmenso vahído que pertenecía a su mundo, sólo a su mundo personal, la hicieron merecedora de la atención y no el desprecio de quien, en principio, quiso acabar con su espíritu. Ahora, la atención en cualquier instante se dirigía hacia ella y, en las miradas se adivinaba la curiosidad por saber descifrar aquella luz de sus ojos, siempre lejana pero recta, fija, atenta y sabedora de mil y un acontecimientos presentes, pasados y futuros que suscitaban un desagradable cosquilleo entre los posibles descifradores de un misterio llamado miedo.

James R. Eads

   Ella no era consciente de este fenómeno pero el cambio que se produjo cuando los pensamientos inundaron, sin acceso a nada más, su mente y alma, le satisfizo tanto que ya nunca volvió a  encontrarse relegada o minusvalorada. Era ella la que infundía estas sensaciones sin pretenderlo en los demás. Eran creaciones de quienes, desde siempre, habían establecido un comportamiento que nunca supieron dominar ni valorar. Un dictado emocional que se tradujo en un arma que les fue hiriendo uno a uno hasta que, por fin, cumpliéndose la predicción que siempre estuvo presente en su inmensa voluntad, obtuvo la victoria por la vida y el bienestar.

James R. Eads

Antonio Campillo Ruiz

Es aconsejable visionar el vídeo a plena pantalla.


miércoles, 17 de enero de 2018

LA COMPLEJIDAD DEL COSMOS

EL UNIVERSO SORPRENDENTE Y BELLO

Antonio Campillo Ruiz

Galaxia Andrómeda. NASA.

   Leyes físicas, energía, cosmología, ciencia basada en los procesos físicos y aspectos energéticos transformables, todas las formas de la materia, el espacio y el tiempo como exponentes de nuestra nimiedad, conceptos que aparentemente comprendemos pero que entrañan una complejidad muy superior a la capacidad de comprensión que poseemos. Escalas de dimensiones inconcebibles para la mente humana y, a pesar de todo, los seres racionales, como somos atrevidos, consideramos al Universo, al Cosmos, un espacio cerrado e inamovible que se expande o se contrae, en función del dictado de las diversas teorías que, día tras día, se van traduciendo a un lenguaje ininteligible para quienes no poseen ni medios ni capacidades para poder discernir, no sólo lo que define al Universo, al Cosmos, sino tan siquiera cómo se formó y qué puede ser.

 Nebulosa espiral en ojo. NASA.

   La Ciencia, para tratar de explicar fenómenos que poseen una rutina cosmológica predecible, construye modelos explicativos en los que, de forma preferente, la dualidad espacio-tiempo y el principio de causalidad, unidos a observaciones pacientes y metódicas, nos tratan de enseñar la coexistencia material y energética de un proceso tan especial e impredecible como el Big Bang. A pesar de ello, debemos poseer sosiego y conformidad para admitir hipótesis que, sistemáticamente y a pesar de ello, los experimentos realizados para elevarlas a la categoría de teorías demostradas se basan en el convencimiento, que no en la demostración total, de leyes constantes aceptadas: la homogeneidad y la isotropía. Admitimos, igualmente, que diversas teorías explican las fuerzas dominantes en las inmensas distancias cósmicas, la gravedad y la relatividad, estas sí, demostradas y avaladas por hechos que nos acercan con bastante velocidad a las fantasías galácticas de la imaginación de guionistas cinematográficos. Por otro lado, la complejidad espaciotemporal, centra nuestra atención como única demostración de lo insospechado para unos seres que, como los humanos, estamos sujetos a unas leyes tan simples como demostrables.

Galaxia Vía Láctea y Sistema Solar. NASA.

   Sin embrago, las fuerzas que rigen el Universo, descubiertas y relacionadas con lo enormemente pequeño a través de la Mecánica Cuántica, han despejado un campo del saber que posee la verosimilitud de lo demostrado y la imaginación de lo filosófico. Nuestras eternas tres dimensiones espaciales, convertidas en cuatro al añadir el tiempo, fácilmente admisible, se han transformado por un pase de la magia filosófica en once posibles dimensiones espaciotemporales. ¡Vaya escándalo para quienes la demostración es lo único que puede ser cierto! Admitimos, a la vez pequeños datos que demuestran que, a pesar de no ser exactos, cualquier aproximación que confirme teorías clásicas las reafirma como demostradas, así sucede con la geometría euclidiana, asumida como cierta por considerar que la curvatura media del espacio es muy pequeña o incluso, “puede” llegar a ser nula y por ello… es aplicable a todo el Universo. Puede. ¡Vaya palabra peligrosa para la Ciencia! Bien, pues estos “mínimos” elementos que no poseen una verosimilitud absoluta potencian paradigmas que pueden llegar a ser demoledores para investigaciones que se basan en ellos: pueden provocar errores.

Nebulosa globular. NASA.

   Por otro lado, convenidas algunas teorías e incluso demostradas como punto de escape de las dudas que son dirimidas por ellas, nos estamos acostumbrando a no salir de unos cánones que, si bien pueden ser ciertos, la mente nos indica que debemos ser más racionales que conformistas. Por ejemplo. La separación entre la inmensidad de galaxias que componen el Universo es un hecho. El Universo se expande y, según la teoría de la relatividad, posiblemente la más potente directora del pensamiento cuando tratamos aspectos tan innovadores como inexplicables, pone de manifiesto que el movimiento “en el” espacio y “del” espacio son diferentes pero compatibles. Para su comprensión más fácil: el movimiento de astros que se encuentran en el espacio y se mueven, por ejemplo la Tierra, pertenecen al movimiento “en el” espacio. Y, a su vez, el movimiento del propio espacio que contiene a la Tierra pertenece al movimiento “del” espacio. Bien, como se establece en la teoría de la relatividad, la materia no puede moverse a mayor velocidad de la que posee la luz, ≈ 300.000 kilómetros por segundo. Sin embargo, cuando dos galaxias se separan, “en el espacio” lo harán a la velocidad de la luz como máximo pero, a la vez, el espacio en el que se encuentran se dilata … por tanto, la velocidad “del espacio” sumada a la anterior, supone que la velocidad a la que se separan las galaxias es mucho mayor que la de la luz… pero, muchísimo mayor. ¿Dónde se encuentra la trampa científica? En ningún lugar. Es un fenómeno del que se trata de pasar de puntillas sobre él para que “todo” sea demostrable, perfecto, ordenado y… difícilmente comprensible.    

Universo observable. NASA.

   El Universo, ese sorprendente y maravilloso lugar, suspendido en un vacío absoluto y profundo al que pertenecemos, es un prodigio por descubrir y, con la lentitud que poseemos para los avances científicos, lo haremos en un tiempo que, desafortunadamente, no todos podremos alcanzar. Poco a poco pero a una velocidad inimaginable, su expansión llegará a provocar que hasta los mismos átomos se separen en partículas subatómicas, alcanzando un posible futuro en el que la materia oscura, debido a la gravedad, detenga esa expansión e inicie una comprensión que alcanzaría su principio para volver a regenerarse de igual forma que lo hizo hace cerca de unos 14.000 millones de años. Renacer de sus cenizas será el continuo quehacer de esta bellísima Ave Fénix.

Grupo de galaxias. NASA.

Antonio Campillo Ruiz

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viernes, 12 de enero de 2018

DIMENSIONES PARALELAS

UNA MIRADA FUGAZ - I

Antonio Campillo Ruiz
A ti, mujer, que viste y supiste apreciar.
A ti, hombre, que miraste y quedaste
atrapado en una luz destellante.

Mihail – Miho - Korubin

   Sus ojos no dejaron de mirarse durante el tiempo que tardaron en caminar un metro, cuando se cruzaron en direcciones contrarias. Dos, tres segundos…, un instante…, un día… Nunca supieron calcular el tiempo puesto que era imposible poder contar la inmensa conversación que mantuvieron durante aquella mirada. Cinco días después, mientras hablaban, no supieron valorar ni explicar, uno al otro, qué había sucedido para que en ese infinitesimal momento estuviesen tan juntos.

 Mihail – Miho - Korubin

   Fue tan ocasional como cuando se miraron. El tiempo era espléndido aquella mañana de asueto en la que terrazas de restaurantes al aire libre se encontraban completas de comensales. La luz del sol era tan intensa que deslumbraba y, en la mesa vecina, aquella chica le pareció que era la misma con la que había intercambiado una mirada como jamás soñó poder mantener. Se fijó detenida y descaradamente en ella al igual que soportaba la inquietante mirada de ella sobre él. Se levantaron a la vez pero fue ella la que alcanzó primero su mesa. Quedó quieta, sin pronunciar palabra y al tratar de volver a su mesa, escuchó una voz que le solicitaba sentase en la mesa ocupada y hablasen, a la vez que degustaban sus respectivos platos. Tras un ligero cabeceo, la chica alzó el brazo solicitando del camarero que cambiase su cubierto a su nueva ubicación en la terraza y se sentó saludando cortés pero seriamente. Se miraron durante un corto tiempo sin la intensidad de aquel, casi olvidado día, a pesar de su cercanía, en el que se cruzaron caminando por la calle. Se interrumpieron mutuamente al empezar a hablar uno con el otro a la vez y volvieron a callar sonriendo. Por fin, sin interrupciones, el chico empezó a relatar que creía que se conocían y ella explicó que se habían visto hacía pocos días. Ninguno supo por qué pero en poco tiempo identificaron el lugar y el motivo de su mutua sorpresa al encontrarse.

Mihail – Miho - Korubin

   Para ella la mirada que cruzó con él fue tan intensa que pareciese que le había trasladado en aquellos pocos instantes a un mundo de vivencias entre las que se encontraba la percepción de una inmensa soledad, que le pareció no buscada. Supo, no entendía cómo, que él amaba leer y trasladarse a un mundo imaginario en el que se gestaban los sueños y creaban historias que siempre eran vividas por más de una persona. Un mundo en el que la soledad no existía y podía sentir de cerca el calor de otros seres que siempre le emocionaban cuando relataban alguna de sus experiencias. Un mundo sin principio ni fin en el que, al igual que en el mar, se encontraba nadando sin posibilidad de poder volver a la orilla. Un mundo gris y sin posibilidad de que su color cambiase sin destruir parte del mismo y rehacerla.  

Mihail – Miho - Korubin

   Para él, la cantidad de información intercambiada era tan enorme que quedó sorprendido y fascinado por todo lo que percibió a través de aquellos ojos grandes y claros. Viveza, ansiedad, esperanza y desasosiego, un inmenso desasosiego hacia todo el entorno que existía en su derredor. A la vez, una gran angustia, una desazón inquietante lanzaba rayos iridiscentes que chocaban directamente en su iris maltratándolo y solicitando, a la vez, un espejo oscuro que pudiese recibir toda la información que transmitían sin rechazar ni una sola de sus solicitudes, ni uno solo de sus rayos.

Mihail – Miho - Korubin

   Ambos llegaron a la conclusión, al intercambiar estas sensaciones percibidas durante aquella primera mirada ocasional y fugaz, que nunca serían capaces de explicar ni a predecir en qué momento se podrían haber encontrado con anterioridad. Era muy probable que se hubiesen encontrado en otra dimensión y no lo recordasen pero también constataron la casi imposibilidad de que hubiese sucedido tal cosa, al menos en un pasado cercano y, además, a los dos a la vez. Mientras, bocado a bocado, fueron acabando lo solicitado de comida y se interrumpían para tratar de explicar, una tras otra vez,  el uno al otro lo que habían captado e interpretado de aquella furtiva mirada que les preocupó desde que se produjo tan accidental como inesperadamente.

 Mihail – Miho - Korubin

   Cuando acabaron de no aclarar ni de ponerse de acuerdo con los sentimientos del otro, inesperadamente, sin cambio aparente en el tema que trataban, se sorprendieron hablando de sí mismos y de sus necesidades, objetivos, gustos y mil temas más. Durante una larga sobremesa los lazos que les unían parecían indisolubles a pesar del mínimo tiempo que tuvieron para establecerlos. Y así, después de citarse para el día siguiente a la misma hora y lugar, no dejaron de estar en desacuerdo en establecer que aquella mirada fue como si  sus vidas se hubiesen trasladado de uno al otro sin que mediase ni un mínimo aspecto en común entre ellas.

Antonio Campillo Ruiz

Mihail – Miho - Korubin

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domingo, 7 de enero de 2018

UN MURCIANO GENIAL

ANTONIO CAMPILLO, ESCULTOR

Antonio Campillo Ruiz
“El hombre ha de ser
breve, recto y sencillo,
tanto
en decir como en hacer”

Antonio Campillo Párraga


   Formado entre artesanos imagineros de tallas sacras policromadas, Antonio Campillo Párraga, dio vida a la tridimensionalidad de sus esculturas con un estilo tan individual que, su evolución artística le reportó la dirección de la generación de artistas murcianos, inquietos creadores de un estilo personal, potenciando la definición de una corriente peculiar y significativa en el arte español del siglo pasado. Su interés por las formas, volúmenes plenos de huecos que conforman delicadas figuras y diseños que, en su inicio, representaron o reprodujeron escenas religiosas y tallas en madera cuyas escenas, con el devenir del tiempo, se transformaron en una depuración artística que creo su personal escuela, tanto en los lugares de su aprendizaje como en los que enseñó, como catedrático de modelado, a lo largo de su vida.


   Donde la materia se deshacía, Antonio Campillo Párraga la transformó en refinados y estilizados vacíos cóncavos y convexos conformando volúmenes que se cierran y completan atrapados en líneas que tienden al infinito. Las orondas formas matriarcales, representativas en muchos casos de la mujer huertana, cantan y remarcan la importancia y peculiaridad de las matronas que crían a sus hijos bajo el amparo de su propia fisiología, donde, los espacios vacíos suavizan y adulan esta conformación matriarcal como única singularidad diferenciadora de la mujer dedicada al cuidado y crianza de la familia, casi siempre numerosa.  


   Antonio Campillo Párraga sintió la escultura como la necesidad de una renovación innovadora de las formas, de los motivos, de lo cotidiano elevado a la categoría de transformación general y de representación de una región, unos lugares en donde la sociedad se desarrollaba bajo el amparo del trabajo y la alegría de vivir. No es necesario, en muchos casos, la pulcra y meticulosa apreciación de la facciones personales, la simple representación simbólica es suficiente para ampliar a generales momentos que lo cotidiano transforma en un ritual habitual. El academicismo fue una barrera para la materialización de sus movimientos en la quietud de lo representado. Escenas naturales, plenas de sensaciones móviles, imprimen a su obra una vida que el amante del difícil bronce o la delicada madera siente al contemplarlas, revisarlas en derredor y admirar su perfecta armonía. Además, la mirada hacia la obra de Antonio Campillo Párraga debe ser reposada porque sus modulaciones expresivas, muy personales y peculiares, transpiran un intenso y sensual aporte a un encanto, delicadeza y finura tan espléndidos como humanísticos y anímicos.    

Antonio Campillo Ruiz


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martes, 2 de enero de 2018

ABECEDARIO: L

LUISA

Antonio Campillo Ruiz

 Phoebe Anna Traquair

   Luisa abrazó a la anciana señora y un atisbo de su bondad interior fluyó a su cara. Se apreció un leve rubor cuando, con la naturalidad de los años, aquella le dijo que era muy buena moza y muy guapa. Nunca se había considerado bella aunque siempre sentía una especial tendencia a presentarse donde fuese con la dignidad, arreglo y buena presencia de ánimo para no pasar indiferente fuese cual fuese el momento y las personas con las que convivía o conocía. Los huesudos dedos de la señora la cogieron con la dulzura que podían y paseó con ella por la agradable alameda del camino que conducía a la casa, clavada en medio de aquel jardín mitad explotado para las necesidades gastronómicas, mitad para recreo y bienestar de los sentidos. Estaba allí porque creía que ya había transcurrido el tiempo suficiente para conocer a la familia de aquel muchacho al que amaba con la pasión incontrolada de sus veinte años.

 Phoebe Anna Traquair

   Luisa, siempre había tenido una potente tendencia a disfrutar de la Naturaleza, especialmente de los lugares arbolados en los que el sonido del aire componía con las hojas verdes, mecidas con fuerza, una sinfonía interpretada por miles de instrumentos que elevaban el alma y se paralizaba el pensamiento. Al rozar la corteza de un árbol, sus ramas, las puntas de sus dedos percibían las mínimas alteraciones, las cicatrices que animales o enfermedades propias de la especie poseían y orgullosamente persistían por siempre. Se disfrazaba con ellas y las incluía en su vida, en su ser. Siempre había creído que la vida de las plantas era tan intensa como la suya propia, que sus pensamientos, guardados no sabía dónde, permitían a las plantas dirigir su crecimiento siguiendo unas escondidas órdenes que conformaban su complejo y esbelto manto de follaje. Y, con ese escondido y desconocido lugar donde se encuentran los sentimientos de los árboles, de las plantas, hablaba frecuentemente. Les contaba, con machacona persistencia, su opinión acerca de una novela que había leído, de su corretear en la vida y, muy especialmente, les llevaba noticias de otros lugares que no podían apreciar porque no se movían del mínimo espacio en el que habían arraigado y crecido. Esto era muy doloroso para ella. Sus amigas nunca se movían y nunca apreciaban la belleza, los colores de otros espacios ni la sensación de velocidad, percepciones muy agradables y necesarias para ella. Se entristecía cuando pensaba o hablaba con aquellos árboles y plantas de cualquier especie, bellas, perfectas en sus espigadas semillas que se transforman en otras plantas y que ella apreciaba tanto que todos los días las visitaba.

 Phoebe Anna Traquair

   Luisa conoció un día que las hojas de papel de los libros estaban confeccionadas con la materia de los árboles y se entristeció mucho. A la vez, comprendió por qué le agradaba tanto el tacto de las hojas de papel y por qué sólo le gustaba leer libros confeccionados con él. Eran parte de los árboles, de las plantas, de los seres entre los que gustaba rozarse con la suavidad que lo hacen las gotas de agua del mar al zambullirte entre ellas. Cuando morían, su eterna vida posterior consistía en pasar a ser el soporte de la imaginación, de las palabras, de miles de millones de frases que, como las estrellas, llenaban un espacio negro y vacío convirtiéndolo en el maravilloso universo de la fantasía, la ilusión y los pensamientos personales que engendran el mundo de la creatividad, utópica o real pero siempre clarividente. Aquel día, la Naturaleza, aquella señora tan anciana y tan amorosa, los árboles de la alameda y su mente confluyeron en un maremágnum de sensaciones que la transportó hasta el inicio de su amor y la causa de sentirlo: su pasión por la vida, la imaginación y la aguda quimera del pensamiento. 

Antonio Campillo Ruiz

 Phoebe Anna Traquair

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miércoles, 27 de diciembre de 2017

EL NEGOCIO DEL GENOCIDIO: NAVIDAD

LOS AYOREOS

Antonio Campillo Ruiz

Familia ayoreo-totobiegosodes
© Survival

   Hoy, en mitad de una celebración que debería ser de amor y ayuda entre todos los hombres de buena voluntad, nos encontramos con personas humanas que están sometidas a la barbarie del fundamentalismo interesado, a los poderosos, a los ladrones, a los políticos sin vergüenza, a desalmados, violadores y oportunistas que se amparan en la estructura de una sociedad putrefacta para destruir a sus semejantes con el afán del enriquecimiento y el poder. No debemos consentirlo. Hagamos que la sociedad actual sea verdaderamente la unión de seres humanos que se ayudan y colaboran en el bienestar común. Veamos un ejemplo sangrante de la irracionalidad humana avanzada.

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   Los indígenas ayoreo-totobiegosodes viven en el Chaco, una enorme extensión de monte que se extiende desde Paraguay hasta Bolivia y Argentina. Su territorio ha sido adquirido por especuladores y terratenientes, y está siendo talado con rapidez. Hay varios subgrupos diferentes de ayoreos. Los más aislados son los totobiegosodes, cuyo nombre significa “gentes del lugar de los cerdos salvajes”. Desde 1969 muchos de ellos han sido expulsados de la selva pero algunos todavía evitan cualquier contacto con foráneos. Su primer contacto duradero con los blancos tuvo lugar durante los años 40 y 50, cuando los granjeros menonitas establecieron colonias en sus tierras. Los ayoreos se resistieron a esta invasión, y hubo muertes en ambos bandos. En 1979 y 1986 el grupo fundamentalista estadounidense “Misión Nuevas Tribus” (MNT), ayudó a organizar “cacerías humanas” en las que por la fuerza se sacó del bosque a un gran número de totobiegosodes. Muchos ayoreos murieron en estos encuentros y otros sucumbieron más tarde a causa de enfermedades. Otros grupos de totobiegosodes salieron del bosque en 1998 y 2004, ya que las invasiones continuas en su tierra les hacían abandonar constantemente sus hogares y vivir en condiciones muy duras. Un número desconocido lleva todavía una vida nómada en la selva.

Miembros del grupo ayoreo-totobiegosode en 
Paraguay el día de su primer contacto en 2004.
© Survival

   Un reportaje especial desde el Chaco paraguayo. Indígenas ayoreo recientemente contactados están preocupados por el futuro de sus familiares no contactados. La mayor amenaza actual a la que se enfrentan los totobiegosodes viene encarnada por la firma brasileña Yaguareté Porã, que posee 78.000 hectáreas en el corazón de su territorio. Muy cerca de allí han sido avistados indígenas ayoreos aislados recientemente. Yaguareté planea talar la mayor parte de esta zona para crear pastos de ganado, lo que sin duda tendrá consecuencias devastadoras para estos indígenas y para su capacidad de poder seguir viviendo allí.

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   En 2013 un informe de la Universidad de Maryland (EE.UU.) reveló que el Chaco paraguayo tiene la tasa más rápida de deforestación en el mundo. Las tierras habitadas por los ayoreos son algunas de las últimas zonas boscosas que quedan en pie en la región del Chaco, un gran testimonio de las habilidades conservacionistas de la tribu. Sin embargo, la presión para alterar el bosque es inmensa. En la actualidad, casi toda la tierra de los ayoreos está en manos de terratenientes que contratan a equipos de trabajadores para talar el bosque de madera valiosa y así poder introducir ganado. Muchos de estos terratenientes son menonitas, pero la mayor parte de la tierra de los ayoreos ha sido comprada por paraguayos ricos y, especialmente, por empresas ganaderas brasileñas.

Una casa abandonada en el Chaco paraguayo 
perteneciente a indígenas aislados ayoreo-totobiegosodes.
© Survival

   Los indígenas piden la titularidad territorial sólo sobre una porción de su territorio. Sin su bosque no pueden alimentarse ni subsistir, y están muy preocupados por sus familiares no contactados que aún viven allí. En virtud de la legislación paraguaya, el área reclamada debería haber quedado bajo titularidad indígena hace años, ya que tanto ésta, como la Constitución del país, reconocen el derecho de los indígenas a la titularidad sobre sus tierras tradicionales. Pero los poderosos terratenientes han bloqueado la legislación en repetidas ocasiones y ya han excavado ilegalmente parte del bosque.

Jóvenes ayoreo-totobiegosodes
© Survival

   “Debemos proteger el bosque que todavía tenemos”. Mientras las topadoras y los terratenientes ganaderos invaden cada vez más su territorio, los ayoreos de Paraguay están preocupados por la seguridad de sus parientes no contactados. En el corazón del territorio indígena, la firma ganadera Yaguareté Porã ya ha talado una extensa área boscosa que es el hogar de los ayoreos no contactados. En 1994 el conductor de una excavadora que estaba removiendo tierras en la selva fue atacado en la oscuridad de la noche. Estaba destruyendo los huertos y los campos de caza de un grupo de familias ayoreo-totobiegosodes. Uno de los indígenas, Esol, se vio obligado a salir de la selva en 2004.  En respuesta a la indignación desatada por este hecho, la empresa anunció un plan de crear una “reserva natural” en su territorio, pero lo que en realidad intenta es destruir unos dos tercios del bosque de la zona. Con la tala de esta enorme área boscosa, los indígenas totobiegosode aislados no tendrán lugar donde esconderse. Sus familiares ya asentados intentan protegerlos desesperadamente.

Chamán ayoreo-totobiegosodes
© Survival

    Los totobiegosodes viven en pequeñas comunidades. Cultivan calabazas, habas y melones en la tierra arenosa y cazan en el bosque. Las grandes tortugas, los cerdos salvajes y la abundante miel silvestre son comidas muy preciadas por los totobiegosode. Cuatro o cinco familias viven juntas en una casa comunal en el bosque. Un pilar central de madera da soporte a una estructura abovedada formada por ramas más pequeñas, y coronada por barro seco. Cada familia dispone de un fuego propio en el exterior. Sólo duermen dentro cuando llueve. El ritual ayoreo más importante recibe su nombre de asojna, el chotacabras. El primer canto de este ave anunciaba la llegada de la estación lluviosa y un mes de celebraciones y festejos. Los ayoreos que actualmente viven en comunidades sedentarias viven en cabañas individuales familiares. A quienes han perdido su tierra no les queda más elección que convertirse en explotados trabajadores de las haciendas ganaderas que han ocupado buena parte de su territorio. Los evangelizadores de Misión Nuevas Tribus tienen un puesto cerca de las comunidades, y ejercen una gran influencia sobre sus vidas diarias. Bajo el influjo de estos misioneros fundamentalistas, el ritual del asojna y muchos otros fueron suprimidos.

Antonio Campillo Ruiz

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viernes, 22 de diciembre de 2017

UNIVERSO CERCANO Y EVOLUCIÓN

CERCANO Y LEJANO: NOSOTROS

Antonio Campillo Ruiz

©Apollo 17 en Shorty Crater.
 ©Apollo 17 Crew, NASA

   En diciembre de 1972, los astronautas del Apolo 17 Eugene Cernan y Harrison Schmitt pasaron unas 75 horas en la Luna en el valle de Taurus-Littrow, mientras que su colega Ronald Evans orbitó sobre sus cabezas. Esta imagen nítida fue tomada por Cernan mientras él y Schmitt vagaban por el suelo del valle. La imagen muestra a Schmitt a la izquierda con el vehículo lunar en el borde del cráter Shorty, cerca del lugar donde el geólogo Schmitt descubrió el suelo lunar anaranjado. La tripulación del Apollo 17 regresó con 110 kilogramos de muestras de rocas y suelo, más de las que fueron extraídas desde cualquiera de los otros lugares de alunizaje. Cuarenta y cinco años después, Cernan y Schmitt continúan siendo los últimos en caminar sobre la Luna.

Asteroide interestelar.

©European Southern Observatory
©M. Kornmesser

   Nunca antes se había visto nada parecido. La inusual roca espacial Oumuamua es tan intrigante por ser el primer asteroide que se ha detectado desde fuera de nuestro Sistema Solar, aunque es probable que existan muchos más, que se descubrirán debido al moderno control del cielo por computadora. Los telescopios instalados en la Tierra, de casi todas las variedades, han incluido a Oumuamua en su agenda de observación para ayudar a comprender mejor a este inusual visitante interestelar. Oumuamua también es intrigante por tener paralelismos inesperados con Rama, una famosa nave espacial interestelar creada por el escritor de ciencia ficción Arthur C. Clarke. Al igual que Rama, Oumuamua es inusualmente alargado, debe estar hecho de material fuerte para evitar romperse, solo está pasando a través de nuestro Sistema Solar y pasa, inusualmente, cerca del Sol por algún tipo de atracción gravitacionalmente desconocida. Sin embargo, a diferencia de una nave espacial visitante, la trayectoria, velocidad, color e incluso la probabilidad de detección de Oumuamua se encuentran en consonancia con su formación natural alrededor de una estrella normal hace muchos millones de años, siendo expulsados de sus órbitas ​​después de encontrarse gravitatoriamente con un planeta normal y posteriormente orbitar a su alrededor

NGC 7822: estrellas y pilares de polvo en infrarrojo.

©WISE, IRSA, NASA
©Francesco Antonucci

   Las estrellas jóvenes están limpiando su lugar de formación en NGC 7822. Dentro de la nebulosa, los bordes brillantes y las complejas esculturas de polvo dominan este skyscape detallado. Fotografiado con luz infrarroja por el satélite Wide Field Infrared Survey Explorer (WISE) de la NASA, NGC 7822 se encuentra en el borde de una nube molecular gigante hacia la constelación de Cepheus, al norte geográfico terrestre, una brillante región de formación de estrellas ubicada a unos 3.000 años luz de distancia, 3.942.000.000, tres mil novecientos cuarenta y dos millones de kilómetros . La emisión atómica de la luz por el gas de la nebulosa está impulsada por la radiación energética de las estrellas calientes, cuyos poderosos vientos y luz también expulsan y erosionan las formas más densas de los pilares. Las estrellas aún podrían estar formándose dentro de los pilares por el colapso gravitacional pero, a medida que los pilares se erosionan, cualquier estrella que se forme finalmente se aislará de su reserva de materia estelar. Este campo abarca alrededor de 40 años luz,  570.240.000 , quinientos setenta mil doscientos cuarenta, millones de kilómetros, a la distancia estimada de NGC 7822.

Nuestra historia en un minuto.

 ©MelodySheep, Symphony of Science
©John Boswell

   ¿Tienes un minuto para ver toda la historia de la existencia humana? Este emocionante video recopila varios fragmentos de fotocompuestos digitalmente que nos trasladan, en un intento de resumir sucintamente nuestra historia, desde el Big Bang hasta nuestros días. Brevemente representado, de principio a fin, es una animación artística del Big Bang, un viaje a través del Universo temprano, la formación de la Tierra y la Luna, la aparición de la vida y las plantas multicelulares, el surgimiento de reptiles y dinosaurios, un devastador ataque de meteoritos, la aparición de mamíferos y humanos, y finalmente el ascenso de la civilización moderna. La película, de minutos, termina con una alegoría real de lo moderno inmediato y la fascinante vida qu queda por recorrer al ser humano.
 Antonio Campullo Ruiz

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domingo, 17 de diciembre de 2017

LA LARGA BÚSQUEDA

UN SENTIMIENTO COMPLEJO

Antonio Campillo Ruiz


   No, no se trata de la sensación que conlleva alguna de las acepciones que de ella derivan cuando se trata de explicar su suavidad, delicadeza, etc. Aparentemente, podríamos decir que la confluencia de sensaciones es la causante de un estado que, para muchos, resultaría, cuanto menos, extraño o quizás sorprendente. Es posible que sentir al mirar una obra bella no sea ni similar ni semejante a sentir cuando se mira un ser vivo a otro, pertenezca al reino que pertenezca. Y, ¿qué se siente? Difícil pregunta. Como siempre, las preguntas aparentemente más fáciles son las más complejas de explicar. Creo que falta en el diccionario una terminología específica que, a veces se suple con barbarismos, más expresivos por la amplitud de significados y que denotan aspectos de complejidad comunicativa sorprendentes.


   No deja de ser curioso el empecinamiento de la mente al ordenar percibir aquellas sensaciones extracorpóreas de extrema sensibilidad. Sí, es posible captar en todo el cuerpo pero especialmente en el pequeño escalofrío que existe al acariciar con la mirada, con la punta de los dedos, con la delicada e irreconocible percepción que produce, sutilmente, querer y decidir observarse y descubrir las causas, si es posible, del escalofrío antedicho. Al principio, no resulta fácil ser observador observado. En ocasiones, incluso la sensación no tiene efecto sino cuando se percibe que la posesión y lo sentido se entremezclan, sin ser poseedor de nada pero sí gran perceptor de emociones insospechadas. En ese instante todo se paraliza y comienza una observación atenta y minuciosa que, aparentemente, siempre se ha creído inexistente.


   La tarea de esclarecimiento de estas sensaciones es meticulosa y el análisis de las causas complejo. Con paciencia y siguiendo las enseñanzas de maestros que por el mundo han sido, comparamos los efectos de las sensaciones interiores con el escape de un constante fluir por los lugares más sensibles para que se produzca y se facilite el efecto: las zonas fisiológicamente propicias para el escape de las sensaciones físicas pertenecen a determinadas partes de la piel reiteradamente mencionadas o localizadas por expertos que, posiblemente, jamás han experimentado aquello que tratan de potenciar. Al utilizar el tacto para producir el efecto mencionado, pareciese que tocamos sin llegar al contacto, sentimos un pequeño calambre como si millones de partículas partiesen para un destino definido pero intangible. No se podría establecer si el fenómeno pertenece al pasado, a un recuerdo que se manifesta como preterible, vivido o no. Tampoco es posible establecer relación con el presente debido a que tal sutileza sería fácil de ser determinada por su proximidad espaciotemporal. No es posible que se trate de un hecho que se presenta en el futuro porque estaríamos maquinando un sueño inespecífico. Posiblemente, la causa de esta hiperpercepción tenga su origen en el pasado, se manifieste en el presente y deba continuar en el futuro.


   Posiblemente, ahí se encuentre la causa de la sensación sentida, en la continuidad temporal de captación de efectos previamente elevados a la categoría de inolvidables, debido a su gran estabilidad, su ansiedad por ser repetitivos y la potencia dispuesta para que la sensación se represente desde el pensamiento, que genera la distribución corporal de transformaciones hasta la zona de escape de la energía manifestada. Y esa energía es la que produce las sensaciones tan potentemente percibidas que anulan cualesquiera otras con capacidad para producir interferencias desafortunadas.


   Terminada la labor de observación, valorar los resultados obtenidos se presenta como un intrincado rompecabezas. En primer lugar se hace imprescindible en qué momento se realiza la valoración, cuándo se perciben las sensaciones placenteras o cuándo han desaparecido pero se recuerdan momentos desconocidos. Y este, este es el problema, son momentos desconocidos y por tanto sin antecedentes de valoraciones personales o ajenas. Valoraciones que se deben cuantificar porque los estudios cualitativos, en general, presentan aspectos subjetivos que cuasi siempre se trata de que figuren como objetivos y cuantificables sin serlo, por ello, por norma, se tratan de desvirtuar por considerarlos de menor calidad que los aspectos que se estudian como datos estadísticos numéricos. A pesar de ello, la comprensión de estos resultados debe realizarse teniendo en cuenta que los datos obtenidos son emotivos, algo que es contradictorio con la frialdad que puede aportar una estimación matemática.


   Y pensando en este proceso, que es tan preocupante como el hecho en sí de haberse presentado este cúmulo de sensaciones extrañas, pasan una tras otra y cambian. Cambian para mayor infortunio y desequilibrio que provoca una nula atención hacia el análisis de posibles resultados y no así la búsqueda de la reiteración de los procesos placenteros, diferentes y que suponen una ruptura con la monotonía y la pesadumbre de quienes, paseando cerca, mirando sin percibir o escuchando sin entender, se manifiestan como anormalmente normales y no como seres con vivencias que conducen hacia un infinito utópico pero sentido. El resultado de todo este posible estudio posee un nombre que, en muchas ocasiones es incomprendido. Este nombre es ternura.

Antonio Campillo Ruiz

    
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